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Sea: food for the eye






La extraña, ajena, e inmensa profundidad del océano puede producir en uno muchos sentimientos. Desde nostalgia hasta alegría, o quizás sentimientos de insignificancia.
Pues la parte más húmeda de nosotros se proyecta hacia lo que no dejamos de ver: un territorio inexplorado e indeseable. Además profundo, nefasto, admirable y perpetuo.

De las casi 10 veces que visité el muelle de Tambo de Mora en Chincha, me quedo con estas fotos -por hoy-. Algunas otras ya fueron publicadas en post anteriores como "Le Pier".

Creo no haberlo mencionado, pero el muelle es la fuente de trabajo de la mayoría de pobladores de TDM, quienes se dedican a la pesca artesanal. Hay otros -sin embargo- que solo trabajan 2 semanas en todo el año. Estos temerarios hacen pesca industrial, y saben que cada vez que van a pescar altamar, puede que no regresen jamás. Es interesante, el riesgoso trabajo de 2 semanas es mucho más rentable que el de todos los días del año.

En este muelle compartí muchos puchos con el viento, que siempre me pedía los laqui laygt. Sentarse frente al mar, y ver a los peces nadar debajo de los pies es una experiencia que solo se ve recompensada al saber que en cualquier momento puedes caer.

Este es un punto que recomiendo: ir hasta la última parte del muelle, a sentarse a conversar con el agua, compartir un pucho con el viento, y rendirse ante la grandiosidad del océano. Esto sin duda originará sentimientos de pena y nostalgia, mas no de alegría. Aunque al salir del muelle te invade un sentimiento de alegría. Una alegría muy triste.

Le Pier # 1




Tambo de Mora, Chincha / 6.50 pm.

El largo y quebradizo camino de Tambo de Mora hacia el muelle 2 es un esfuerzo que vale la pena hacer. La entrada cuesta 30 céntimos, y es lo que paga cada pescador artesanal o aficionado que quiere aventurarse a pescar un no-resfriado. Este es el muelle testigo principal del terremoto del 2007, pues el epicentro se ubico a 40 km. del mismo.
El escalofrío que siente el cuerpo al enterarse que existe una estadística probabilidad de que una réplica se de en el instante del paseo inmoral por el muelle de Tambo de Mora, se compensa con el eterno placer de los ojos al encontrarse con el sol más triste que alarga su despedida del mar.
La marea es alta y conforme moja mi vestimenta con cada salpicón de alegría, aumenta mi miedo por la ya mencionada réplica. Los pescadores se queda hasta después de las 19 horas, intentanto atrapar algo más que pequeños peces de 10 centímetros.
En fin, una tarde como aquella es una aventura que hay que hacer, y un miedo que hay que superar. Todo por el atardecer.